Los candados son elementos de seguridad indispensables para proteger maletas, taquillas, trasteros o verjas. Sin embargo, al estar a menudo expuestos a la intemperie, al polvo o al desuso prolongado, es muy habitual que el mecanismo interno se oxide o se llene de suciedad, provocando que la llave no gire o que el arco no se libere. Ante esto, existen métodos efectivos para intentar recuperarlo antes de recurrir a la fuerza.
El error más común es intentar forzar la llave con unos alicates, lo que terminará rompiéndola dentro del cilindro. En su lugar, aplica un spray lubricante multiusos (como el afloja todo WD-40) directamente por la ranura de la llave y por los orificios del arco. Introduce y saca la llave varias veces sin girarla para que el líquido penetre en los pines internos. Deja actuar el producto durante unos 5 o 10 minutos antes de intentar girar la llave suavemente.
Si el candado no está expuesto a la lluvia pero se nota "duro", el mejor lubricante es el grafito en polvo. A diferencia de los aceites, el grafito es un lubricante seco que no atrae el polvo ni la arena, evitando que se forme una pasta que atasque los componentes a largo plazo. Solo debes aplicar una pequeña cantidad en la ranura e introducir la llave para repartirlo.
A veces, los pines internos se quedan bloqueados por una brizna de óxido. Mientras intentas aplicar una ligera tensión de giro con la llave, dale pequeños golpecitos secos al cuerpo del candado con el mango de un destornillador. Esta vibración puede hacer que los componentes internos vuelvan a alinearse en su posición correcta.